14 de octubre de 2005

"No estaba muerto, andaba de parranda"

Tenía muchos días sin pasar mis ojos por la genialidad plasmada en el trabajo de mi gran amigo y maestro en el arte de la charlatanería, el cual aprecio y respeto como ustedes no se imaginan Ricardo Rafael Ruiz (R3); persona esta que la verdad cambió el rumbo de los que hoy puedo con franqueza son las humildes palabras que trato de presentar a mis amigos en este blog. Bueno, el caso es que me encuentro en la página y me deslumbra este titular: "NO ESTABA MUERTO, ANDABA DE PARRANDA" cosa esta que me llenó de una cierta inquietud que hacía tiempo no tenía frente a ningún artículo en particular, pero bueno, es mejor que yo les deje leer un fragmento de esta truncada aventura que me hizo reír tanto como sorprenderme de la amalgama de creaciones y personajes que tenemos en nuestra pequeña y unipersonal parte de la Isla de Santo Domingo. Espero lo disfruten:

”I.L: Melvyn, es estridente la impresión de volverte a ver con vida. Espero que esta entrevista cubra los pormenores de la curiosidad general en lo referente a tus últimas semanas de muerte o de vida, según sea la óptica. Cuéntanos cómo empezó tu epopeya a partir de tu desaparición esporádica en la gira hacia La Caleta.

M.P: La verdad, Iván, es que ese es el momento más sombrío y difuso de toda la travesía, puesto que no tengo el más recóndito recuerdo del momento justo en que caí de bruces al olvido. No recuerdo, fue en un instante de inconsciencia. No sé si fue por accidente o si me dejaron adrede. Mi mejor teoría, hasta ahora, es que todo se debió a una mala combinación; verás: en el trayecto Santiago-Santo Domingo habíamos ido tomando ron Extra Viejo con Coca Cola, evitando las cervezas Presidente con el objeto de que no se nos calentara. Luego de habernos parado dos kilómetros más allá del peaje, donde nos aprovisionamos de cervezas Presidentes, todo transcurría bien y de forma cuasinatural, más o menos, pero el tranque llegó cuando algún intrépido, de cuyo rostro y nombre no me quiero acordar, me pasó de mano en mano una de esas cervezas Brahma que no sé si fue por la temperatura o por mi galillo chovinista, pero el punto es que desde el primer trago fue como con la manzana de Adán. Ese fue el último trago que recuerdo con mi gente. Después de eso, un despertar sombrío y soporoso se me estrujaba en el semblante.

I.L: ¿Pasado todo lo turbio y confuso, qué es lo próximo que recuerdas a plena conciencia? porque se dice que en esos días que desapareciste y que te dimos por muerto, se te vio frecuentando posadas de diversión nocturna y varios billares.

M.P: Recuerdo el sopor de una medianoche sinuosa, una brisa leve y suave, como caricia de terciopelo, que precedió al estampido de tres o cuatro fogonazos que me hicieron despertar pensando que había estallado una revolución izquierdista, pero sólo fue un reflejo, porque caí en sueño profundo nuevamente y desperté bajo una lluvia sucia y muerta, como mierda de sapos, sólo entonces pude caer en cuenta que llevaba varios días en delirium tremens. En referencia a los que me vieron, no me avergüenza decir que tuve que sobrevivir. Me vi a mí mismo mas allá que en una novela de Pedro Valdez y pude conocer de forma intrínseca los agrestes y mundanos rincones proveedores de amor y de 99 o 100 años de soledad que cubren los desvíos de la vieja y cansada autopista duarte. En Cotuí pasé 4 días en un burdel de mala muerte, regenteado por un mulato de mediana estatura, calvo y vestimenta colorida, que aprovechaba a los clientes desconocidos para decirles cosas, digamos que indebidas. El primer día fue por pura necesidad de un lugar donde hospedarme, pero ese mismo día se chorreó del cielo una lluvia infernal y frente al establecimiento se explayaba un charco de agua de dos metros de profundidad, porque INAPA reparaba unas tuberías y habían picado muy hondo el suelo, y toda es agua rodeaba el local dejándonos prácticamente en una isla. Esos cuatro días de lluvia me marcaron para siempre. Desde una ventana del lugar podía observar a 500 metros las luces, una ex novia, la mujer de un general y los amantes clandestinos que entraban a las "cabañas hollywood" donde había aire acondicionado, agua por tuberías, luz, televisor y cerveza fría. Mientras tanto, teníamos que contentarnos con esperar a que el agua bajara comiendo pan de agua con Brugal Carta Dorada o Cervezas Calientes. En varias ocasiones tuve la tentación de deshacerme de la inclemencia del agua saltando por el lado de atrás, donde apenas había un charquito, pero Belarminio (así se llamaba el maipiolo) me advirtió que el lado de la cerca de alambres de púas es propiedad de un ex senador, y está custodiado por sicarios que portan escopetas de dos cañones y que marcan con hierro al rojo vivo a quienes tenían la osadía de cruzar las líneas..."

Si al igual que yo les perece además de gracioso genial pues visiten librodominicano.com y lean la totalidad, les aseguro no hay desperdicio alguno!!!!

se despide su anfitrión....

A.W.
05.

2 comentarios:

Kandy dijo...

uhmmmm...jejejeje

Melvyn dijo...

Wasarry, la verdad es que el relato, aunque te parezca genial, es una enorme mezcla de ficcion y realidad...

Creeme que gran parte de esa experiencia fue vivida.

Melvyn